La famosa pirámide de Maslow resume la jerarquía de las necesidades humanas, presentando un orden en el que las mismas deben ser satisfechas. Este concepto también podría aplicarse a nuestra realidad financiera, la cual puede tener distintos estados, desde el nivel más básico de supervivencia en el cual existe desorden y un estado financiero precario hacia el nivel más alto en el cual logramos nuestra Libertad Financiera.

Empezando desde la base de la pirámide podríamos encontrar los siguientes estadios financieros:

  • Desorden Financiero: no llegamos a fin de mes, algunas veces ni siquiera contamos con ingresos estables, pueden estar las cuentas en rojo, con endeudamiento excesivo, no existe capacidad de ahorro ni reservas para afrontar emergencias, pocos bienes, etc. No sabemos en qué se va el dinero. La planificación financiera de mediano y largo plazo es “Ciencia Ficción”. Si perdieramos la fuente principal de ingresos nos veríamos en serios problemas para poder mantener nuestro nivel de vida. Básicamente, podemos decir que una persona en esta categoría “vive al día”: ajustando su patrón de consumo a su nivel de ingresos, de modo que no logra ahorrar. También podría ser que la persona adopte un nivel de vida por arriba de lo razonable para su nivel de ingresos, echando mano al crédito bancario o de tarjetas.
  • Equilibrio Financiero: aquí contamos con ingresos que cubren todos los gastos habituales pudiéndose incluso generar excedentes financieros de modo esporádico o incluso habitual, pero sin conducta de ahorro e inversión. Puede existir un presupuesto de gastos pero todavía no existe planificación de mediano y largo plazo. No hay deuda, o la misma está bajo control. Las finanzas están en orden, pero no hay una visión clara a 5, 10, 20 o más años.
  • Comodidad Financiera: al llegar a esta etapa, ya logramos “ponernos en forma” desde el punto de vista financiero. Tenemos consciencia sobre la importancia de gestionar inteligentemente el dinero y los excedentes financieros. No todos nuestros ingresos provienen de nuestro trabajo principal, sino que parte de los mismos se generan a partir de rentas de nuestras inversiones (por ejemplo, propiedades en alquiler). Llevamos un presupuesto de ingresos y gastos como una práctica habitual. Destinamos 10% o más del total de los ingresos al ahorro y la inversión. Ausencia de endeudamiento o uso consciente e inteligente del mismo. Tenemos el hábito de planificar y fijarnos metas financieras a corto, mediano y largo plazo. Existen reservas de dinero (por lo menos 6 meses de nuestros gastos habituales) para afrontar imprevistos o contingencias como problemas de salud, pérdidas de trabajo o situaciones que sometan a cierto estrés
  • Fortaleza Financiera: en esta etapa, hemos logrado consolidar una base de activos e inversiones que aportan dinero todos los meses, o trimestralmente o con cierta frecuencia. Y el monto de estos ingresos “pasivos” sirven para pagar alrededor de un 50% de nuestros gastos habituales, incluyendo usualmente las siguientes categorías de gastos: 1) vivienda (expensas, hipoteca o alquiler, gastos e impuestos relacionados con la vivienda), 2) alimentación (los gastos normales de esta categoría), 3) transporte (incluyendo lo habitual y recurrente, sin incluir viajes de placer o extraordinarios, sólo lo habitual), 4) servicios e impuestos habituales. Una persona así, usualmente tiene “pagados” entre un 40% y un 60% de su nivel usual de gastos de acuerdo al estándar de vida elegido. Todavía necesita trabajar, pero suele hacerlo en actividades de su interés y eligiendo muy bien dichas actividades ya que no está obligada a trabajar para mantenerse. Sus reservas de dinero suelen cubrir entre 12 y 24 meses por lo menos de su nivel de gastos. Y se encuentra en camino a conseguir su Libertad Financiera, que sería la próxima etapa de desarrollo y madurez financiera.
  • Libertad Financiera: llegamos a esta etapa consiguiendo ingresos provenientes de alquileres, negocios o retorno de inversiones que cubren el total de nuestros gastos habituales en función del nivel de vida escogido. No trabajamos por necesidad, sino por elección y en el campo que realmente nos apasiona. Ya no trabajamos por dinero, sino que hacemos que el dinero trabaje para nosotros. De hecho, podríamos dejar de trabajar y mantener nuestro estilo de vida indefinidamente. Tenemos completo control de nuestra agenda y tiempo. Normalmente nos involucramos en actividades de contribución social y/o filantropía.

 

Está claro que el estado deseable sería el de alcanzar nuestra Libertad Financiera, y esto va más allá del hecho de no estar nunca más preocupado por el dinero, sino que es un estado en el que una persona se podría convertir en “su mejor versión posible”, debido a que focaliza sus energías y tiempo en actividades edificantes, que la nutren y revitalizan.

A diferencia de la jerarquía de necesidades de Maslow, en el caso de las etapas hacia nuestro desarrollo financiero, puede ser que arranquemos de cualquiera de ellas, dependiendo de nuestra situación particular e historia personal. Podríamos incluso movernos hacia abajo.

Tal como ocurre con la jerarquía de necesidades de Maslow, no todos nos planteamos llegar al máximo de la autorealización que en el ámbito de nuestras finanzas sería alcanzar la Libertad Financiera. Esto puede ocurrir porque nunca nos planteamos esta posibilidad ya que la vemos como algo totalmente lejano o un imposible, y nos conformamos con un estadio anterior.

En este punto es donde creo que existe una gran oportunidad de trabajo personal para “acercar” esta posibilidad de la “autorealización financiera”, ya que es algo perfectamente posible para cualquier persona que decida alcanzarlo y trabaje de modo diligente para lograrlo. Tony Robbins tiene una frase muy conocida que dice así:

“Las personas sobrestiman lo que pueden lograr en 1 año y subestiman lo que pueden lograr en 10”.

Ponerse metas irrazonables o irreales seguramente llevará a la frustración, pero ir dando pasos de modo sostenido y persistente en la dirección correcta, indefectiblemente nos llevará al destino buscado. Se trata de un proceso y lleva tiempo, no tanto porque éste sea necesario para acumular o producir riqueza, sino más bien porque el tiempo necesario estará relacionado con la necesidad de transformación personal y aprendizaje que debe atravesar la persona. No se trata solamente de acumular información nueva sobre técnicas y herramientas para hacer dinero, sino de “asimilarlas” y lograr llevarlas a la práctica, y para que este aprendizaje se produzca realmente es necesario atravesar las experiencias (buenas y de las otras) que seguramente encontraremos en el camino hacia nuestra Libertad Financiera.

Si tuvieras que decir en cual de los estadíos financieros mencionados estás, ¿cuál sería? Si aun no lo hiciste, puedes tomar el Test de Salud Financiera y averiguarlo respondiendo estas 5 preguntas…

FacebookTwitterEmail